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Categoría: Turismo
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Pregón íntegro de Marga Cancela Negreira, durante a celebración da XV Festa da Filloada Pedra da Baña, o 25 de marzo de 2018.

Bos días a todos. Bañeses e forasteiros.

Sr. Alcalde, Corporación Municipal, concelleiros.

Queridos veciños e veciñas da Baña. Amigos. ¡¡¡Hola a todos!!!

Coma filla deste Concello, é unha verdadeira honra que me invitarades a estar hoxe aquí pregoando A Decimoquinta Festa da Filloa. A Decimoquinta xa, nada menos.

Por iso quero agradecerlle ao Sr. Alcalde, Don José Andrés García Cardeso, e á concelleira Dª Alicia Blanco, a sua cortesía e confianza.

Queremos agradecer a dedicación e o traballo das voluntarias da Asociación da Filloa da Pedra que, ahora mismo, están quentando motores, pedras e delantais para que nós poidamos seguir gozando deste manxar dentro dun anaquiño. Perdón, dixen voluntarias, pero creo que tamén hai tres hombres. Bueno, por algo se empeza, ¿no? Pero, tres hombres, ¿no vos parecen pocos? Caray, só un máis que o ano pasado, e coa que está caendo neste 2018. En todo caso, ¡Noraboa e Benvidos ao club do mandil!

E falando de voluntarias, queremos facer una mención muy especial a Elisa Liñares Guerra, veciña de Lañas, a filloeira mayor por ser a pioneira desta festa que, desgraciadamente, xa non está con nós. Unha muller imprescindible, sin cuxa iniciativa non estaríamos hoxe celebrando esta festa. Grazas tamen a súa filla Lola, que herdou esa paixón pola filloa. Claro, con unha mestra como súa nai…

Grazas a vostedes por estaren aquí, bañeses e forasteiros, polas vosas mostras de cariño. Sei que hai moitos invitados de fóra de Galicia y por respeto aos que non falan galego, e como aínda non temos traductores simultáneos, pero todo se andará, vou continuar en castelán, se mo permiten. ¡¡¡Imos aló!!!

Decía que me siento honrada. Contenta por tantas vinculaciones personales como tengo con el Val de Barcala. Pues aquí nací y aquí me crié. Aquí aprendí a leer. Me enamoré por primera vez con apenas cinco años. En Ordoeste viven mis dos hermanas, mis sobrinos que, gracias al whatsapp, me mantienen informada de todo lo que se cuece por estos lares. Más de 100 primos, por lo menos, y mis amigos de la infancia.

No os imagináis lo mucho que echamos de menos esta tierra cuando estamos fuera. Bueno, no tenéis que imaginarlo, lo sabéis, porque casi todos hemos estado lejos, ¿verdad? Como diría una amiga mía, un poquito mal hablada, los gallegos somos los “putos amos” de las despedidas.

Añoramos el verde de los prados, el gorgoteo de las fuentes, los mil ríos. El mugido de las vacas. La música de nuestra lengua materna. La eclosión de las camelias. El no poder llamarle cativiño a un niño porque no nos entendería.

Ver cómo brotan los primeros grelos, los preciosos campos de nabal ¿Sabíais que en muchos mercados de Madrid tienen el atrevimiento de llamar grelos a las nabizas amarillentas? ¡Pobres ignorantes!

Y qué decir de los pimientos de Herbón, ¿eh? Si no estás muy atenta, te cuelan esas otras bolsitas con “pimientos tipo Padrón” que ni son de Padrón ni de Herbón. Bueno, todos sabemos que aquí no se trata de ignorancia, sino de puro márketing. Vas a hacer la compra de prisa y, zas, picas.

Echamos de menos la retranca del humor gallego, el caldo, los chicharrones, las filloas: 

A filloa da Pedra. Tan humilde como exquisita. Un ‘amoado’ a base de harina de trigo y huevos del país. Agua y sal. También puede llevar un poco de caldo. Y si hay matanza, que no es el caso de hoy, tranquilos, se le puede añadir un vasito de sangre. Un trozo de tocino pinchado en un tenedor para engrasar la piedra. Y eso es todo lo que lleva. Pero ningún chef, ni con diez estrellas Michelin, ha sabido inventar un milagro culinario tan barato y tan delicioso. Y como diría nuestro ilustre Álvaro Cunqueiro, la filloa tiene que ser transparente y con filigranas como o encaixe de Camariñas. 

Pero, ¿De dónde vienen las filloas?, acaban de preguntarme unos forasteros. Como sabéis, hay muchas teorías sobre qué fue primero, si la filloa, los crêpes, pancakes, tortillas mejicanas, blinis rusos o los frixuelos asturianos. Sin embargo, los franceses insisten en que los originales son los suyos. Pero se equivocan. Los gallegos sabemos que, gracias al camino de Santiago, los peregrinos franceses descubrieron nuestras filloas y se llevaron la receta. La bautizaron como crêpe y la hicieron suya, ¿cómo no? Ya sabemos cómo es La nouvelle cuisine française.

Pero non se pode falar de filloas sin falar de mulleres. De mulleres galegas, claro.

Galicia es tierra de pintoras y escritoras ilustres, ya lo sabemos, ellas figuran en las enciclopedias y en Wikipedia, ¡búsquenlas!, vale la pena.

Por eso mi propósito hoy es rendirle homenaje a esas otras mujeres que solo existen en nuestro recuerdo y en los libros de familia.

Permítanme, pues, que en esta faceta de pregonera por un día, me tome la libertad de rendirle tributo a esas campesinas invisibles, silenciosas y silenciadas durante tanto tiempo. Esas Mujeres a las que Rosalía llamó viudas dos vivos e dos mortos.

Mujeres de antes y de ahora que, aparte de sus profesiones fuera del hogar, siguen ejerciendo de limpiadoras, economistas expertas en estirar y estirar el dinero. Animadoras de ilusiones. Y, sobre todo, porque son auténticas malabaristas que, mientras cosen, cocinan, planchan o desgranan chícharos, ayudan a sus hijos con los deberes y cuidan a mayores y enfermos. A todas las mujeres que hoy se atreven a reclamar salarios iguales para trabajos iguales. Sé que 2018 va a ser un muy buen año, un buen comienzo para la igualdad entre hombres y mujeres.

Esas formidables y solidarias campesinas, trabajadoras de San Cibrán, de Seoane, da Baña, Corneira, Marcelle, A Ermida, A Riba, Lañas, Cabanas, Suevos, Troitosende. Fiopans, O Barro, Sanamede y Ordoeste. Y de Ordoeste especialmente una que me recuerda a todas ellas. Se llamaba Domitila y era mi madre.

Y ahí va, pues, mi pequeño homenaje a todas ellas.

Lo único que no se me ha olvidado de mi madre son sus manos. Manos como alas partidas. Tiernas y hoscas a la vez. A través de sus manos lo recuerdo todo. Mi vida amparada por esas manos, antes, jóvenes y frescas, ahora maltratadas.

Siento cómo me enjabonan, me frotan, me rascan. Me hacen daño al peinarme y hacerme la trenza, pero yo no digo nada por miedo a que me la corten. Noto los mimos de su piel áspera al arroparme en invierno mientras yo me hago la dormida para que sigan acariciándome.

Cierro los ojos y oigo las manos de mi madre y de todas las campesinas. Las veo moverse frenéticas por la cocina; encendiendo el fuego, friendo, amasando. Las sigo al corral y me maravillo de su habilidad al ordeñar las vacas.

Sobre mi frente infantil y asustada, distingo cómo el peso de su mano entrañable, me va calmando de una horrible pesadilla.

Puedo oír el chirrido del lápiz torpe rasgando el papel de estraza y huelo su mano querida, con la mía dentro, guiando los trazos de mis primeras letras y garabatos. Veo sus manos rápidas y delicadas afanándose en las labores del bordado, la calceta y el ganchillo. Pero, sobre todo, su inigualable maña en el arte del zurcido y el remiendo.
Y con gran nitidez las veo en invierno, reventadas por los sabañones, mientras frotan y frotan en las aguas heladas del lavadero. Las contemplo trajinar en la huerta, siempre solas. Observo fascinada cómo remueven la tierra, extienden estiércol, plantan patatas, siembran maíz, aporcan, sachan, desbrozan y miman sus cosechas. Cómo estrujan y abrazan la gavilla de maíz y el haz de leña.

Las miro, firmes y deformadas, sujetando el timón y la esteva del arado. Yo no sé hacer vestidos nuevos con los viejos, carezco de la magia de esas manos. Lamento haber aprendido tan poco. Por eso las admiro tanto. Por eso las echo muchísimo de menos.

Y ya para terminar, os voy a revelar un importante descubrimiento.

El prestigioso profesor de la Universidad de Oxford, Bryan Sykes, una de las mayores autoridades mundiales en genética, ha rastreado el ADN de quince mil mujeres europeas y ha llegado a la conclusión de que todos procedemos de siete mujeres que bautizó como Las siete hijas de Eva. Otros prefieren llamarlas Las siete Venus Africanas, incluso les puso nombres: Úrsula, Xenia, Helena, Velda, Katrine, Tara y Jasmine

Con las conclusiones del estudio, Sykes ha elaborado una teoría que ha revuelto a toda la comunidad científica. Según los rastros de ADN, se sabe que una de estas Siete Hijas de Eva, llegó a Galicia. Se cree que pudo ser Tara.

Lo cierto es que el científico incluso ha establecido el lugar donde vivió y la fecha aproximada.

Y no me digáis que no os lo creéis. Nosotros que creemos en tantos seres míticos: meigas, trasgos, santas compañas, el mal de ojo. E incluso en la chica muerta de la curva. Esas sí que son leyendas, pero la historia de las Siete Venus Africanas son puros datos. Cosas de científicos, no de brujos. Os aseguro que no estoy delirando, y desde luego, no he bebido.

El caso es que los datos apuntan a que Tara, llegó a nuestro valle. Y, deslumbrada por la belleza del paisaje y la fertilidad de esta tierra, se estableció a orillas del Río Barcala. Sí, aquí mismo, en un lugar indeterminado entre Seoane y Corneira, parece ser. Y digo yo, entonces tuvo que ser Ordoeste, ¿no? Y que conste que no estoy barriendo para casa. Insisto, los datos son los datos.

Y ahora os preguntaréis, ¿por qué esta iluminada nos cuenta esto precisamente en el día da Festa da Filloa? Es que Quiero aprovechar esta tribuna para hacer un ruego. Tengo aquí al Señor Alcalde y demás autoridades. Tengo un micrófono, vecinos que me escuchan, que me apoyan, espero, y una petición muy especial a D. José Manuel Landeira, concelleiro de Medio Rural e Medio Ambiente. El ruego es que, en honor a Tara, esa gran mujer que se enamoró de nuestra tierra, deberíamos hacer un corredor ambiental a lo largo del Río Barcala. Aprovechando los viejos caminos de carro desde Ponte Rial a Ponte Corneira.

¿La recompensa? Un lugar de encuentro para los vecinos. Disfrutar de los árboles de ribera, ahora estrangulados por la las zarzas y las hiedras. Restaurar los dos molinos de nuestros abuelos que ahora están totalmente sepultados por la maleza. Un paseo, una senda del colesterol, para el relax, correr o ir en bici. Mejorar la salud física y mental de los vecinos. Y que sepa usted, D. Manuel Tourís, nuestro generoso concejal de Cuentas, que, construir un paseo-corredor de unos pocos kilómetros, es muchísimo más barato que crear un Ministerio contra la soledad como acaban de hacer los británicos.

Y volviendo a las Hijas de Eva, puede que el origen de la filloa se remonte a los tiempos lejanos de Tara.

Pero, para no marear más la perdiz, pasemos a disfrutar de nuestras filloas. Verán que Las del Val de Barcala son las auténticas. Además, amigos, estamos de fiesta y no hay que ser demasiado puntillosos con los datos históricos.

Os deseamos un buen provecho a todos. Y sabrosas y divertidas conversaciones. Y ahora digan con nosotros:

¡¡¡Viva a Festa da filloa!!!

¡¡¡Viva A Baña!!!

¡¡¡Vivan os bañeses!!!